El Rakú es una compleja alquimia donde intervienen los cuatro elementos (tierra, fuego, agua y aire) de la cual resultan miniurnas funerarias únicas, siempre maravillosas.
El Rakú es una compleja alquimia donde intervienen los cuatro elementos (tierra, fuego, agua y aire) de la cual resultan miniurnas funerarias únicas, siempre maravillosas. Se usó en las antiguas civilizaciones japonesa.
Las urnas se llevan a un horno pequeño a 900 grados centígrados aprox. (Depende del esmalte o lustre utilizado, hay de temperaturas menores y otros para mayores de 1000 grados). Cuando los esmaltes alcanzan su punto de cocimiento se sacan, en estado de incandescencia y se depositan cuidadosamente, con la ayuda de pinzas de hierro, en un recipiente lleno de viruta de madera (también se pueden usar hojas de diario u hojas secas de árbol). El contacto con este medio lo incendia y se genera una enorme cantidad de humo que penetra en la pieza y entra a hacer parte de ella. Los esmaltes reaccionan con el humo y el calor y convierten los óxidos en metales. Luego de varios minutos, el proceso químico se fija bajando bruscamente la temperatura con agua. Se obtienen al final tonalidades, texturas, matices y colores fascinantes y nunca iguales de una pieza a otra, que pueden ser desde rojos metalizados hasta craquelados, nacarados y tornasoles característicos de esta técnica.